EDITORIAL

Para nadie es un secreto que el depredador máximo es el hombre. El ciclo vital que implica nacer y morir para dar lugar a más vida, en el ser humano parece truncarse: Donde el hombre holla la tierra fenece la vida.

Les estamos heredando a nuestros hijos y nietos un mundo con cada vez menos especies animales y vegetales, menos agua, menos posibilidades de desarrollo sostenido y les legamos a cambio un clima desbordado, más basuras, superpoblación y miseria. Pensemos que, por lo menos nuestros nietos, no van a tener la más mínima posibilidad de conocer un nevado colombiano o un glaciar sino en una enciclopedia.

Sierra Nevada del Cocuy

La única manera de frenar este sombrío panorama (miremos a 100 años) es creando en nuestros jóvenes la conciencia de que (como decía JoséJosé) NADA ES PARA SIEMPRE, y menos… tratándose de nuestros recursos naturales.

Redactó: Equipo de trabajo

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